miércoles, 28 de octubre de 2015

Carne

Seguro que has oído hablar del tema, tanto en la tele como en conversaciones cotidianas. Vamos a trabajar con una selección de las informaciones que han aparecido en los medios. Es muy importante utilizar criterios selectivos ante la información, utilizar varias fuentes para poder contrastarlas, y siempre citar las fuentes que se utilizan, tomando conciencia de su carácter -públicas, privadas-, orientación ideológica, intereses, etc. para poder realizar la crítica de fuentes ("criticarlas" no es hablar mal de ellas, sino "juzgarlas", sopesarlas). De entre todos los datos que aparecen, hay que decidir con cuáles nos interesa trabajar. El resultado de tu trabajo será una presentación gráfica (presentar los datos que hayas seleccionado en mapas, gráficos o tablas) y un comentario con al menos dos partes: descripción (síntesis y análisis) e interpretación (significado y valoración).

La OMS dice que la carne procesada puede causar cáncer - También la carne roja - El riesgo individual es pequeño pero aumenta con la cantidad ingerida (El Mundo, 26 de octubre de 2015)

Comer carne procesada (como las salchichas o el beicon) puede causar cáncer de colon, según acaba de concluir la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), un organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Concretamente, advierten, cada 50 gramos diarios aumentan un 18% el riesgo de desarrollar este tumor.Aunque a nivel individual estas cifras no son muy elevadas, este organismo subraya que "teniendo en cuenta la cantidad de personas que consumen carne procesada en todo el mundo, el impacto global de su incidencia en el cáncer puede ser muy importante para la salud pública", ha explicado el doctor Kurt Straif, director del programa de monográficos del IARC. La agencia ha observado este vínculo principalmente para el cáncer colorrectal, aunque también han visto asociaciones para el cáncer de páncreas y el de próstata.Este organismo evalúa periódicamente cientos de evidencias científicas para ir actualizando su clasificación de sustancias potencialmente carcinógenas para el ser humano. En este caso, tras evaluar 700 trabajos científicos, un grupo de 22 expertos de 10 países diferentes ha decidido elevar al grupo 1 de productos "cancerígeno para los humanos" a las llamadas carnes procesadas, cualquier producto que haya sufrido una transformación industrial (como jamones, lasañas preparadas, carnes envasadas, salchichas...). En esa misma categoría de máximo riesgo ya figuran, por ejemplo, el tabaco, el amianto o la contaminación ambiental.En el caso de la carne roja no procesada (ternera, cerdo, cordero, caballo o cabra), las evidencias no son tan concluyentes. Aún sí, la IARC también ha elevado su clasificación hasta el grupo 2A en el que se considera que existe una evidencia limitada, y se considera "probablemente carcinógeno para el ser humano". También en este caso, la relación más fuerte se ha observado con el cáncer colorrectal, aunque también para tumores de próstata y páncreas.Las reacciones de los productores de carne no se han hecho esperar, mientras que el Ministerio de Sanidad recuerda que no se debe comer carne roja más de dos veces por semana. Por su parte, la Federación Europea de Asociaciones Cárnicas (Clitravi) considera "inapropiado atribuir a un único factor un mayor riesgo de cáncer".En un comunicado, Ciltravi que representa a 3,000 empresas en 28 países de la Unión Europea, afirma que asociar la ingesta de carne con cáncer "es un tema muy complejo que puede depender de una combinación de otros factores, como la edad, genética, dieta, medio ambiente y estilo de vida. No es un único grupo de alimentos específicos por sí mismos el que define los riesgos asociados con la salud, sino la dieta en su conjunto, junto con algunos otros factores", como el tabaco o la contaminación o la falta de ejercicio.Además, recuerda que "organismos oficiales, sociedades médicas y expertos recomiendan el consumo de todos los grupos de alimentos a fin de tener una dieta sana, variada y equilibrada, incluyendo un consumo moderado de carnes y productos cárnicos".Estudios científicosLa relación de los cárnicos procesados con ciertos tumores no es nueva. De hecho, uno de los estudios sobre dieta y cáncer más prestigiosos, el llamado EPIC (en el que participan 23 centros de 10 países europeos, entre ellos España) ya alertaba en 2013 del riesgo derivado de algunos ingredientes que contienen estos productos; como la sal o las nitrosaminas (que se añaden para impedir la contaminación bacteriana de la carne).En el caso de España, todas las estadísticas alertan de que el consumo de carne roja está muy por encima de lo que recomiendan los organismos internacionales, que hablan de en torno a 70 gramos al día (mientras que en nuestro país la cifra alcanza casi los 250-300 gramos diarios).Por eso, como ha señalado en el comunicado de la IARC Chirstopher Wild, director del organismo, este informe refuerza la necesidad de que las actuales recomendaciones dietéticas limiten la ingesta de carne. Un producto que, por otro lado, admite, tiene un "valor nutricional". "Los organismos y gobiernos nacionales deben equilibrar los riesgos y beneficios del consumo de carne roja y procesada para hacer las mejores recomendaciones posibles".

Artículo en El País (28 de octubre de 2015) - ver particularmente el vídeo: "El redactor de Materia, Nuño Domínguez, explica el contenido del informe"

Meat and tobacco: the difference between risk and strength of evidence - Comparing smoking to bacon in terms of risk of cancer is extremely misleading, despite the strength of evidence being similar (The Guardian, 26 de octubre de 2015).

Fuente: Cancer Research UK-The Guardian
Fuente: Cancer Research UK-The Guardian
Fuente: Cancer Research UK-The Guardian

Javier Yanes, La OMS, los medios y el público montan la feria de la carne, 20 Minutos, 27 de octubre de 2015 (véase también el artículo del mismo autor en el mismo medio, del 29 de octubre, Más sobre carne y cáncer: la falacia química ataca de nuevo):
Uno de los componentes responsables del riesgo cancerígeno de la carne es el nitrito, que reacciona con las aminas formando nitrosaminas, potentes carcinógenos. Pues bien, ¿adivinan cuál es la principal fuente de nitritos de nuestra dieta? No es la carne, sino los vegetales y la fruta, que aportan hasta el 80%. Y la formación de nitrosaminas a partir de los nitritos de la dieta ni siquiera tiene que deberse a la cocción, ya que la reacción se produce espontáneamente en el medio ácido del estómago. Y ¿qué hay del pescado?, se preguntarán. El proceso de cocinado del pescado produce, como el de la carne, aminas heterocíclicas (AHC), también carcinógenas. Aún más: el pescado contiene más AHC que el cerdo o las salchichas. Y cómo no, el pescado ahumado contiene hidrocarburos policíclicos, también cancerígenos.

¿Es que no se puede comer nada que no dé cáncer?, se preguntará alguien. En 2013 John Ioannidis, profesor de la Universidad de Stanford que hace unos años convulsionó el mundo de la ciencia al demostrar la falsedad de muchos estudios basados en correlaciones estadísticas, decidió elegir al azar 50 ingredientes comunes de un libro de cocina y revisar la literatura científica buscando su posible relación con el cáncer. Los resultados mostraron que 40 de los 50 ingredientes se habían relacionado de alguna manera con el cáncer, para bien o para mal; Ioannidis y sus colaboradores denunciaban la debilidad de los datos en la mayor parte de los casos, y una conclusión evidente era la obsesión de ciertos investigadores por encontrar vínculos cancerígenos que aseguran una publicación e incluso tal vez un titular en algún medio. Un editorial que acompañaba al estudio decía: “Parece, entonces, que según la literatura publicada casi todo lo que comemos está de hecho asociado al cáncer”.

España es el décimo país más carnívoro del mundo - La producción de carne en el planeta se ha cuadruplicado desde 1961 y 25 veces desde 1800. Sin embargo, en España ha ido disminuyendo desde 2002 hasta situarse bajo los 100 kg por persona y año (Servimedia Madrid-ABC, 28/10/2015):

España ocupa el décimo puesto en el ranking de países con mayor consumo per cápita de carne, ya que cada español come una media de 93,1 kilos al año, en una clasificación que lidera Nueva Zelanda (126,9 kilos) y cierra Bangladesh (4,1 kilos). Así se desprende de los últimos datos estadísticos globales de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), correspondientes a 2011, ya que esta agencia de la ONU cuenta con información de años posteriores, pero no de todos los países.

Según esos datos, recogidos por Servimedia después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya señalado en un informe que 50 gramos de carne procesada a la semana incrementa en un 18% el riesgo de padecer cáncer colorrectal, el ranking lo encabeza Nueva Zelanda (126,9 kilos por persona al año), seguida de Australia (121,2), Estados Unidos (117,6), Austria (106,4), Israel (102), Argentina (101,7), Luxemburgo (98,8), Samoa (96,3), Bahamas (95,6) y España (93,1).

En la parte baja están Mozambique (7,9), Sri Lanka (6,3), Ruanda (6,2), India (4,2) y Bangladesh (4,1). La FAO comenzó a recopilar información en 1961, año en el que España ocupaba la 59ª posición (21,8), para luego escalar a la 30ª en 1970 (46,2), a la 22ª en 1980 (70,4), la 12ª en 1990 (93,2) y a la segunda en 1998 (116,8), 2001 (114,9), 2002 (119,2) y 2003 (117,9), que es cuando se situó más alto en el ranking mundial. El consumo de carne per cápita en España tocó «techo» en 2002 (119,2), para iniciar entonces una lenta caída y situarse en 2009 por primera vez por debajo de los 100 kilos por persona al año (96,7), algo que no sucedía desde 1994.

Estados Unidos es el país históricamente más carnívoro en el último medio siglo, debido a que ocupó el primer puesto en la clasificación en 1994 y entre 1996 y 2010 (16 años), por delante de Mongolia (13 años, entre ellos de 1961 a 1969), Hungría y Nueva Zelanda (7), Australia (4) y Uruguay (1). La FAO aporta datos generales más recientes en su último informe «Perspectivas alimentarias», hecho público este mes de octubre.

Así, prevé que el consumo per cápita de carne en el mundo durante este año sea de 43,4 kilos por persona, una cantidad muy similar a la de 2013 y 2014. Por otro lado, la producción mundial de carne fue de 308,5 millones de toneladas en 2013, lo que supone un 1,2% más que en 2012, según los últimos datos consolidados, aportados por World Watch Institute en un estudio, al que tuvo acceso Servimedia.

Este informe indica que desde 1961, primer año con datos comparables, la producción cárnica se ha multiplicado más de cuatro veces debido al creciente poder adquisitivo, la urbanización y el cambio en la dieta. «Mirando mucho más atrás, la producción de carne ha crecido 25 veces desde 1800, superando así el crecimiento de la población humana en 3,6 puntos», añade.

«World Watch Institute» indica, sobre los datos de la FAO por países correspondientes a 2011, que el tipo de carne consumido en el mundo varía sustancialmente entre los países. Por ejemplo, el 54% de la carne que comen los argentinos es de vaca, mientras que el 74% de la que consumen los saudíes es de ave y el 61% es de cerdo en el caso de los alemanes.

Pablo León, El mundo come carne por encima de sus posibilidades - Lagran ingesta de productos cárnicos, que no para de crecer, genera gravesimpactos ambientales (El País, 29 de octubre de 2015):




Comer carne deja huella. Concretamente, en forma de impactos ambientales. El informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta semana, en el que vinculaba consumo excesivo de carne con un mayor riesgo de contraer cáncer, además de alterar a la industria cárnica ha puesto el foco sobre un problema solapado. “El consumo excesivo de carne no solo afecta a la salud de las personas sino que también perjudica al medio ambiente”, resume el catedrático de Nutrición de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Lluís Serra-Najem.


Existen cuatro variables medioambientales que limitan la producción de carne a escala global: la superficie que ocupa la zona de pastos; el agua que se consume, tanto por parte de los animales como en el proceso de producción; los gases de efecto invernadero provocados por las flatulencias de las vacas —actualmente, un 14,5% de los que se emiten a la atmósfera, según la FAO—, y la energía necesaria durante el proceso. Actualmente, gran parte de la población del mundo no consume ni productos cárnicos ni lácteos, pero a medida que mejoran las condiciones socioeconómicas de los países en desarrollo, la demanda de estos productos crece, poniendo en jaque los recursos ambientales de la Tierra. ¿Come el mundo carne por encima de sus posibilidades?
Para que una vaca produzca un kilo de proteína, debe consumir entre 10 y 16 kilos de cereales y los cerdos requieren 4 kilos. “Para producir un filete de unos 200 gramos se precisan unos 45 cuencos de cereales”, ilustra Laura Ordóñez, licenciada en Ciencias Ambientales y profesora de la Escuela Internacional de Naturopatía.

“Producir carne es muy costoso y sería más efectivo alimentar personas con los cereales que se destinan al engorde del ganado”, añade. El cereal es solo una parte de la huella ecológica (los impactos que cualquier actividad produce en el medio ambiente) de la industria cárnica. El agua es otro de los factores limitantes: mientras que para cultivar un kilo de maíz se necesitan 1.500 litros de agua, uno de carne se bebe 15.000 litros de este líquido. “Además de la contaminación por purines [residuos líquidos formados por las orinas y las heces de los animales], generados sobre todo en las granjas de cerdos, y con graves consecuencias en los suelos y las aguas subterráneas”, apunta Raúl García Valdés, profesor de Ecología en la Universidad Autónoma de Barcelona.


Este año se producirán en el mundo 318,7 millones de toneladas de carne, “y se espera un aumento del consumo mundial a un ritmo del 1,6% anual en los próximos diez años”, anunció el agroeconomista belga Erik Mathijs durante el Congreso Internacional de las Ciencias y Tecnologías cárnicas, celebrado el pasado agosto. Un crecimiento que se concentrará, principalmente, en los países en desarrollo. “Actualmente, un 80% del planeta come poca carne y casi nada de leche”, recuerda Lluís Serra-Najem. Y pone un ejemplo: “En el momento en el que 1.200 millones de ciudadanos chinos empiecen a demandar estos productos, va a ser necesario un aumento de la producción que no sabemos si podrá realizarse por las limitaciones ambientales del planeta”, añade.

“El problema no es tanto el consumo de carne sino el abuso”, dice Serra-Najem, que junto a otros tres investigadores, se planteó qué pasaría en el mundo si se recuperase el patrón alimentario tradicional: “Si España volviera a la dieta mediterránea, no solo los ciudadanos tendrían mejor salud sino que las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de alimentos bajarían un 72%; el uso de tierras agrícolas se reduciría un 58%; la energía requerida disminuiría un 52%, y el agua necesaria bajaría un 33%”, concluye su estudio. Si, por el contrario, los españoles tendieran a comer al estilo estadounidense, el país más carnívoro en el último medio siglo, todos los impactos ambientales valorados crecerían entre un 12% y un 72%. “El modelo de Estados Unidos produce seis veces más gases de efecto invernadero que el mediterráneo. Y el doble que la dieta actual de los españoles”, concluye el catedrático.
El año pasado, en España, cada persona comió 51 kilos de carne, colocando al país en el décimo lugar del mundo en el ranking de consumo de carne.

Martín Caparrós, La Era de la Carne - El consumo de animales es un lujo reciente para la humanidad. Tal vez la alerta de la OMS marque el principio del fin de esta época (El País, 2 de noviembre de 2015):
Dicen que, en el principio, la carne hizo a los hombres: que aquellos animalitos carroñeros que fuimos hace tres millones de años desarrollaron sus mentes gracias a las grasas y proteínas animales que comían cuando encontraban algún cadáver sin terminar. Así fueron mejorando y aprendieron a matar ellos mismos y mejoraron más y descubrieron el fuego y cocinaron y, tan lentos, se hicieron hombres y mujeres. Comían carne cazada y frutos recogidos hasta que, hace unos días, alguien entendió que si enterraba una semilla conseguiría una planta y el mundo se fue volviendo otro, éste: aparecieron la agricultura, las ciudades, los reyes, nuevos dioses, la rueda, los metales, millones de personas, las caries, las clases, la riqueza y sus variadas injusticias. La revolución neolítica cambió todo y, con todo, la alimentación: desde entonces los humanos —salvo, claro, los ricos y famosos— comimos más que nada algún cereal o tubérculo o verdura acompañados de vez en cuando por un trocito o dos de alguna carne. Y así fue, durante diez mil años, hasta que, unas décadas atrás, las sociedades más ricas del planeta entraron en la Era de la Carne. ... Consumir animales es un lujo: una forma tan clara de concentración de la riqueza. La carne acapara recursos que se podrían repartir: se necesitan cuatro calorías vegetales para producir una caloría de pollo; seis, para producir una de cerdo; diez calorías vegetales para producir una caloría de vaca o de cordero. Lo mismo pasa con el agua: se necesitan 1.500 litros para producir un kilo de maíz, 15.000 para un kilo de vaca. O sea: cuando alguien come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzarían para cinco, ocho, diez personas. Comer carne es establecer una desigualdad bien bruta: yo soy el que puede tragarse los recursos que ustedes necesitan. La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos. Si todos quieren usarlo igual no puede funcionar: la exclusión es condición necesaria —y nunca suficiente—. ... Cada vez más gente se empuja para sentarse a la mesa de las carnes —los chinos, por ejemplo, que hace 20 años consumían cinco kilos por persona y por año, y ahora más de 50— porque comer carne te define como un depredador exitoso, un triunfador. En las últimas décadas el consumo de carne aumentó el doble que la población del mundo. Hacia 1950 el planeta producía 50 millones de toneladas de carne por año; ahora, casi seis veces más —y se prevé que vuelva a duplicarse en 2030—. Mientras, un buen tercio de la población mundial sigue comiendo como siempre: miles de millones no prueban la carne casi nunca, la mitad de la comida que la humanidad consume cada día es arroz, y un cuarto más, trigo y maíz.


Pirámide de la Alimentación Saludable
 (Sociedad Española de Nutrición Comunitaria). Fuente: Danone
Pirámide de los alimentos. Fuente: Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas (Camagüey, Cuba)
Fuente: Harvard-20 Minutos (véase también este artículo)
Quién decide las piezas de fruta que hay que comer al día
Un sanedrín de expertos estudia en función de los siguientes criterios las cantidades diarias recomendadas
ÁNGELES GÓMEZ LÓPEZ, El País, 18 DIC 2015

Calculadora pirámide alimentos OCU

Choose my plate (gobierno de Estados Unidos, en español, con muchas actividades)

Cómo el pollo conquistó España La historia de cómo lo que era un producto de lujo en los 60 se ha convertido en la carne más consumida por los españoles El Español, 13-02-2016.

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